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ORACIÓN DEL PERIODISTA
Aquí me tienes, Señor, frente
a mi máquina dispuesto a escribirte, ¿lo llamaré
articulo o carta?, sobre mis inquietudes profesionales.
¿Te gustaría, Señor,
que nosotros, los hombres de prensa, te nombráramos nuestro "patrón"?
Ya sé que existe un santo, escritor él y predicador, a quien
nos han asignado como modelo y patrón de los periodistas. Sin dejarle
a él de lado, yo me atrevo a proponerte a Ti como patrón,
porque Tú diste al mundo la gran noticia, la primicia más
inusitada cuando anunciaste al mundo que tu Hijo, tu Verbo, tu Palabra,
se iba a encarnar en un hombre igual a nosotros. Este tu Hijo, como su
Buena Nueva, con su Evangelio, fue y sigue siendo en verdad la noticia
que nunca pierde actualidad.
Nosotros, Señor, cada día damos
a conocer a todo el mundo los sucesos novedosos que protagonizan los hombres.
Una noble tarea, sin duda, pero una triste tarea a la vez, porque la mayor
parte de esos sucesos y novedades no son portadores de vida, sino anuncios
o presagios de destrucción y de muertes. Cómo me gustaría,
Señor, que en nuestro diario solamente aparecieran noticias positivas,
sucesos alegres, pactos de amistad y cooperación entre las naciones
y no todas esas noticias que publicamos a diario, que son justamente todo
lo opuesto a este mi deseo. El único inconveniente que encuentro,
de seguir esta línea de información, es que probablemente
no serían tantos nuestros lectores porque esas no serían
noticias sensacionales.
¿Cómo es que ha llegado el
público a formarse ese criterio colectivo de que la noticia carece
de interés si no lleva el sello de lo sensacional, de lo trágico?
Yo me pregunto, Señor: ¿tendremos que seguir siempre informando
al público de las guerras, de los desastres, de los crímenes,
de los suicidios, de todas las lacras, en fin, de la humanidad? Y me sigo
preguntando: ¿cuál es el provecho que la humanidad reporta
al conocer todas estas noticias?
Otro aspecto, Señor, de mi profesión
que me cuestiono es el de nuestra libertad, la tan voceada "libertad
de prensa y libertad de expresión". Es cierto que ahora la
prensa y los medios de comunicación en general, disfrutan como
nunca de una irrestricta libertad. El problema, sin embargo, cambia de
giro cuando para muchos periodistas, no me atrevo a decir casi todos,
nuestra libertad de opinión y de expresión se ve restringida
o encauzada por la "línea" o las "tendencias"
ideológicas particulares de los directivos o de los dueños
de los medios de comunicación. ¿somos realmente libres los
hombres de prensa para expresar nuestras opiniones personales? ¿Las
editoriales o artículos de fondo son siempre la expresión
auténtica de nuestro modo de pensar, o no son, más bien,
el eco de modo de pensar de los directivos del periódico?
Y desde otro ángulo, Señor:
¿dónde se ubica la libertad de expresión del gran
público, nuestros lectores, y cómo pueden ellos levarla
a la práctica si ellos no cuentan con los instrumentos par dar
a conocer su opinión? ¿Llegará algún día
en que tanto los redactores de los periódicos como nuestros lectores
podamos gozar plena y prácticamente de nuestro derecho a la libertad
de expresión?
Voy a concluir, Señor, este mi escrito
con un deseo que yo lo escucho cada día de mi máquina mientras
golpeo sus teclas; pienso, además, que éste es un deseo
colectivo de todos mis colegas y también de todos nuestros lectores...
Quiero, Señor, poder decir a todo el mundo esta primicia: "SE
ACABARON LAS GUERRAS, LOS GOBIERNOS DE TODO EL MUNDO HAN DESTRUIDO POR
COMPLETO SUS ARMAS". STOP. "ALELUYA, ALELUYA".
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